Es extraño.
Yo amaba, antes de anoche, aquella estatua fría y negra: su rostro así, fruncido, reprochando al mundo su miseria, o sus magníficas ropas corridas al viento... Tú, anoche, acabaste con ella.
Aun al sol hace frío, pero más que contigo.
Me he sentado en un banco frente al parque de los niños. Desde aquí puedo oír sus risas, a veces dulces, algunas estridentes, inocentes todas ellas. Apenas perceptible, cual murmullo, corre la tuya. Plata suena y clara, sincera, pura, perlada.
Anoche tú también cantabas, como esas niñas rosadas hoy vestidas de sol.
Eras Luna, anoche, roja en las faldas. Albo jazmín tu pecho, y su tizne gris... Cristal vehemente tus ojos templados y verso, verso prudente y verso blanco, o púrpura allá, afuera en tus labios... Anoche lucían en oro tus cabellos pardos.
En los árboles grises se posan los negros pájaros y manchados, bajo las alas, de albo. Otros, gorriones, revolotean entre las nudosas ramas, desnudas como agujas hacia el cielo... "¿Qué buscáis en mí?", pregunta, triste, el árbol viejo. "No tengo fruto ni hojas, y apenas mis brazos ya soportan el vendaval helado... Sólo duermo, pájaros negros: aquí sólo me resta el sueño."
Y, perdidos, los pájaros buscan su vida en la ciudad muerta.
Los árboles crujen inertes ante el viento otoñal e impasible. Yo me estremezco con ellos, y tan sólo puedo mirar... Mis ojos también crujen.
Anoche cantaban, ¡sí!, en oro, tus cabellos. Yo atrás me quedé, observándote toda, sombra enjoyada... Y fulgían ellos al viento, teñidos en pálidas flamas.
Seguí, soñé tu sombra. Tú, riente, tus faldas volaban... Corrí tras de ti temiendo, quizá, alcanzarte a los susurros... Veloz, impaciente me esperabas, como brisa, y en tus ojos me sonreían las verdes estrellas... Pedí, ansié tu cuello, pálido y frágil, bajo el claro de Luna, ya sombra.
Reinaba el silencio, ¿recuerdas? Tú estabas tan cerca, y tu alma...
Fue tras Oscuridad, en una estrecha calle. Tus labios crepitaban, sinuosos, a ras mi cuello... Tu aliento, grave brisa, palpitaba mis venas dormidas, y encendió en mis mejillas frías la tenue aurora, roja.
... Yo recorría laberintos, anchas calles... Tu espalda, agitada. Rubios tus pardos cabellos, colmaban en fulgor mis ojos, y en tus rizos pendía el fuego, la flor, la llama...
Reinaba el silencio, y entre todo él, un tímido gemir, suspiro...
Tus cabellos llovían chispas. Mi voz, susurros templaba. La Luna caída, la noche cerrada... Mis labios ansiosos, tu labia velada... Tus manos de frío prendían heladas mi espalda, y tus iris violetas mecían, perdida, mi mirada...
Anoche cantaron, en oro, tus cabellos pardos. Cantaron estrellas, etéreos los vientos... Más: esponjosas, virginales nubes, brillantinas vivas y viejos colores... Abiertos, verdes prados; espuma blanca sobre el mar y sus alcores; un cielo raso, raso y lleno, y fina flor, rosa trenzada en el cabello de un gigante... Anoche oí los breves cánticos e inmortales, allá tras el espacio y la frontera... Anoche soñó mi alma existir en su eterna primavera.
* * *
viernes, 20 de febrero de 2015
martes, 3 de febrero de 2015
Camino (Platero y yo)
¡Qué de hojas han caído la noche pasada, Platero! Parece que los árboles han dado una vuelta y tienen la copa en el suelo y en el cielo las raíces, en un anhelo de sembrarse en él. Mira ese chopo: parece Lucía, la muchacha titiritera del circo, cuando, derramada la cabellera de fuego en la alfombra, levanta, unidas, sus finas piernas bellas, que alarga la malla gris.
Ahora, Platero, desde la desnudez de las ramas, los pájaros nos verán entre las hojas de oro, como nosotros los veíamos a ellos entre las hojas verdes, en la primavera. La canción suave que antes cantaron las hojas arriba, ¡en qué seca oración arrastrada se ha tornado abajo!
¿Ves el campo, Platero, todo lleno de hojas secas? Cuando volvamos por aquí, el domingo que viene, no verás una sola. No sé dónde se mueren. Los pájaros, en su amor de la primavera, han debido de decirles el secreto de ese morir bello y oculto, que no tendremos tú ni yo, Platero...
Ahora, Platero, desde la desnudez de las ramas, los pájaros nos verán entre las hojas de oro, como nosotros los veíamos a ellos entre las hojas verdes, en la primavera. La canción suave que antes cantaron las hojas arriba, ¡en qué seca oración arrastrada se ha tornado abajo!
¿Ves el campo, Platero, todo lleno de hojas secas? Cuando volvamos por aquí, el domingo que viene, no verás una sola. No sé dónde se mueren. Los pájaros, en su amor de la primavera, han debido de decirles el secreto de ese morir bello y oculto, que no tendremos tú ni yo, Platero...
sábado, 31 de enero de 2015
2.
Es curioso.
Has cerrado la puerta y, ¿dónde está el sol? Y las nubes, la luz o los colores... ¿Dónde han ido todos? Sigo tumbado en la cama a oscuras y huele agrio y fuerte, a tabaco. El humo apenas me deja respirar y mis ojos rabian. Llorando, exigen aire puro.
Has cerrado la puerta y, ¿dónde está el sol? Y las nubes, la luz o los colores... ¿Dónde han ido todos? Sigo tumbado en la cama a oscuras y huele agrio y fuerte, a tabaco. El humo apenas me deja respirar y mis ojos rabian. Llorando, exigen aire puro.
El sol parece no iluminar jamás. ¿Qué hora es?, ¿dónde estás...? anoche no tuviere sentido preguntar.
Desnudo, me asomo a la ventana. ¿Qué ciudad es esta, tan a mis pies...? y el frío sol eriza mis pálidos brazos...
Desnudo, me asomo a la ventana. ¿Qué ciudad es esta, tan a mis pies...? y el frío sol eriza mis pálidos brazos...
Anoche te vi luciérnaga en la amplia calle, contando estrellas. Anoche me miraste, buscándote yo sin siquiera saberte... Anoche vinieron a mí tus sonrojados labios y, sin palabras, a verbo y corazón nos condenamos.
Las escaleras suenan, cinco pisos, huecas. Las paredes se desnudan solas, sin brisa compañera... El sol, helado, ilumina las calles, los tejados, los árboles y, a lo lejos, la plaza. Subo calle ancha arriba, como cualquier sábado, sin timón o rumbo...
"Eh, sí, tomaré un café. Con leche y mucho azúcar, por favor: que no sepa a café."
Y salgo, en invierno, a la terraza.
Y salgo, en invierno, a la terraza.
Anoche, amor, negro vestías. Yo te vi pálida, luna morena, rosa cerrada, soberbio candil... ¿Y qué, amor, vieron en mí tus ojos cuando, altivos y deseosos, silenciosos me miraron?
A mi lado hay una botella de anís y tres ancianos. En silencio, sin prisas, juegan a las cartas.
"¿Cómo quedó ayer el Madrid?... ¿Que te duele qué?... ¡Mira que irte, lloviendo, a tal sitio...!"
Escucho, maravillado, sin poner los oídos, su ronca voz y desgarrada: ¡cómo dicen cualquier cosa...!
¡Qué jóvenes vosotros, ancianos del mundo! El tiempo o el miedo marcan ya vuestros rostros: rozáis el suspiro...
¿Qué será en vosotros, ancianos, el cielo negro que sobre mí se abate...? Y sus distantes ojos y pétreos, aguagris o ceniza espesa, ¿qué mirarán más allá de las cartas, la mesa o el melancólico compañero...? ¡Qué jóvenes vosotros, ancianos del mundo! ¡Qué jóvenes vuestros rostros arrugados, secos y cansados...! ¡Qué jóvenes...!
"¿Cómo quedó ayer el Madrid?... ¿Que te duele qué?... ¡Mira que irte, lloviendo, a tal sitio...!"
Escucho, maravillado, sin poner los oídos, su ronca voz y desgarrada: ¡cómo dicen cualquier cosa...!
¡Qué jóvenes vosotros, ancianos del mundo! El tiempo o el miedo marcan ya vuestros rostros: rozáis el suspiro...
¿Qué será en vosotros, ancianos, el cielo negro que sobre mí se abate...? Y sus distantes ojos y pétreos, aguagris o ceniza espesa, ¿qué mirarán más allá de las cartas, la mesa o el melancólico compañero...? ¡Qué jóvenes vosotros, ancianos del mundo! ¡Qué jóvenes vuestros rostros arrugados, secos y cansados...! ¡Qué jóvenes...!
Termino el café y subo, sol en alto, hacia la plaza. La brisa, juguetona, remueve mis cabellos, que bailan con ella no se qué sin sentido vals... La calle ancha se torna más nueva y colorida según subo: los rojos más vivos, los negros más claros, el cielo más y más azul... Se oye ya, a lo lejos, la traviesa musiquilla del mendigo: a veces rápida, otras más lenta, siempre alegre...
Anoche nos vimos, ¿recuerdas? Tú mirabas mi cuello rojo; yo miré tu pecho endulzado... Anoche quizá nos encontramos: yo no iba, tú de copas. Te miré a través de un cristal, cual inocente muñeca de trapo, su ternura y fragilidad... Y tú me viste, amor, ¿cómo?
Humo negro...
Humo negro...
La plaza en viento y sol se abre, con todos sus ropajes negros, rojos y mármol.
Atravieso los breves soportales oscuros y entro en ella, desierta, discretamente iluminada por la mañana humilde de Invierno. En una esquina, el mendigo tiene su hogar y, clamando al Tiempo, a Dios, danza con sus dedos sobre las teclas ocre de una vieja pianola; canción pobre, canción sola, canción del alma...
Atravieso los breves soportales oscuros y entro en ella, desierta, discretamente iluminada por la mañana humilde de Invierno. En una esquina, el mendigo tiene su hogar y, clamando al Tiempo, a Dios, danza con sus dedos sobre las teclas ocre de una vieja pianola; canción pobre, canción sola, canción del alma...
Tú detestas a los músicos de la calle. Detestas sus no cadenas, su no grandeza, su imposible vida... Detestas que toquen, allí, con el alma en la calle, donde el viento, avaricioso, toma su pedazo de canción y la hace suya, la eleva sobre el cielo, más y más allá, donde podríamos nunca llegar...
Detestas a las muchedumbres ajenas que, insolentes, desprecian las joyas que tú admiras y las cambian por baratijas miserables y mundanas.
Detestas a las muchedumbres ajenas que, insolentes, desprecian las joyas que tú admiras y las cambian por baratijas miserables y mundanas.
La plaza no es grande.
Rodeada toda de soportales, en el centro una gran estatua de hierro recuerda algún marqués muerto eternamente cabalgando, inmóvil, sobre el duro mármol.
Rodeada toda de soportales, en el centro una gran estatua de hierro recuerda algún marqués muerto eternamente cabalgando, inmóvil, sobre el duro mármol.
¡Es tan triste esta estatua sola en el invierno frío! Y fría ella, al silencio condenada... ¿Cuántos han visto, rostros, tus ojos, instantes de vida luminosos, y luego, en tu quietud infinita, dejar que huyan y mueran...?
Anoche, este marqués hubiere irremediablemente muerto.
Como si anoche fuera pinto, con el alma, sus faldas color de rosa, sus cabellos de flor de Mayo, y su magnífico corcel es ahora un inocente burro plateado...
¡Es así, estatua pobre y sola! ¡Es así cómo, desde anoche, has de mirar la vida!
Anoche, este marqués hubiere irremediablemente muerto.
Como si anoche fuera pinto, con el alma, sus faldas color de rosa, sus cabellos de flor de Mayo, y su magnífico corcel es ahora un inocente burro plateado...
¡Es así, estatua pobre y sola! ¡Es así cómo, desde anoche, has de mirar la vida!
* * *
jueves, 29 de enero de 2015
1.
Es domingo.
El sol naciente duerme sus rayos sobre nuestra almohada. Tú me miras desde las nubes grises que encapotan el cielo, depositando en el cenicero la nostalgia de un cigarro. Estás sentada frente a mí, a un lado de la cama y, escéptica, me miras como hace unos segundos, como ayer, como mañana... ¡Oh, amor! ¡Tú sabes que no soy ningún conocido ni poeta y aun así, míranos, besando en tu habitación el raso cielo...!
Baja la música, por favor. Candente tú me miras y no puedo resistir el breve impulso de ir allí donde tú estás, apenas dos segundos, y besar tus labios de azul... Pero no iré, no. Si te besara ahora, perdería, con la mañana, el alma.
Tú me miras desde la ventana, sobre la cama sentada. Las mantas son rojas y tú contrastas con ellas como un cuadro de pintor barato. A ti no te gustan los pintores. Te levantas y tus piernas desnudas translucen unicornios y odas rosas. Podría irme yo de la cama, desnudar mi pecho y de albura tus piernas blancas... Pero tan sólo observo cómo te vistes con un viejo arcoíris de fieltro...
Las ropas de ayer por la noche no te quedan deliciosamente bien. Allá ibas anoche deslumbrante, sórdida e irreconocible, llena de luz, inaudita y angelical... Allí ibas anoche, y yo te vi luciérnaga...
Te vistes de extraña, como anoche. Me miras fijamente, y yo...
Yo te miro más allá de tus ojos, de ti... ¡Qué horrible invierno! Si te desnudaras de nuevo no dudaría en lánguidamente acariciar tus mejillas rosas, rosas, rosas, hinchadas y tiernas, fogosas... Si te desnudaras, amor, de nuevo, si soltaras tus rizos pardos al viento, si chocaran tus labios a mis ojos ásperos, tu voz a mi voz marchita... ¡rosas! ¡rosas! ¡rosas!
¿Ya sales, tras la aurora, al mundo? Te observo desde la cama exaltado, borrosa. Tu espalda es muy pálida a través del abrigo, extraña. Abres la puerta y pregunto
"Seremos énfasis, futuro, infinito o placer."
antes de que te vayas.
Te das, graciosa, la vuelta. Tu flequillo baila, gracioso, un extraño movimiento, dos, tres, y me respondes
"¿Hay mayor delirio o drama que un "Escribiendo..." eterno que jamás acaba?"
Yo ya me he ido...
* * *
El sol naciente duerme sus rayos sobre nuestra almohada. Tú me miras desde las nubes grises que encapotan el cielo, depositando en el cenicero la nostalgia de un cigarro. Estás sentada frente a mí, a un lado de la cama y, escéptica, me miras como hace unos segundos, como ayer, como mañana... ¡Oh, amor! ¡Tú sabes que no soy ningún conocido ni poeta y aun así, míranos, besando en tu habitación el raso cielo...!
Baja la música, por favor. Candente tú me miras y no puedo resistir el breve impulso de ir allí donde tú estás, apenas dos segundos, y besar tus labios de azul... Pero no iré, no. Si te besara ahora, perdería, con la mañana, el alma.
Tú me miras desde la ventana, sobre la cama sentada. Las mantas son rojas y tú contrastas con ellas como un cuadro de pintor barato. A ti no te gustan los pintores. Te levantas y tus piernas desnudas translucen unicornios y odas rosas. Podría irme yo de la cama, desnudar mi pecho y de albura tus piernas blancas... Pero tan sólo observo cómo te vistes con un viejo arcoíris de fieltro...
Las ropas de ayer por la noche no te quedan deliciosamente bien. Allá ibas anoche deslumbrante, sórdida e irreconocible, llena de luz, inaudita y angelical... Allí ibas anoche, y yo te vi luciérnaga...
Te vistes de extraña, como anoche. Me miras fijamente, y yo...
Yo te miro más allá de tus ojos, de ti... ¡Qué horrible invierno! Si te desnudaras de nuevo no dudaría en lánguidamente acariciar tus mejillas rosas, rosas, rosas, hinchadas y tiernas, fogosas... Si te desnudaras, amor, de nuevo, si soltaras tus rizos pardos al viento, si chocaran tus labios a mis ojos ásperos, tu voz a mi voz marchita... ¡rosas! ¡rosas! ¡rosas!
¿Ya sales, tras la aurora, al mundo? Te observo desde la cama exaltado, borrosa. Tu espalda es muy pálida a través del abrigo, extraña. Abres la puerta y pregunto
"Seremos énfasis, futuro, infinito o placer."
antes de que te vayas.
Te das, graciosa, la vuelta. Tu flequillo baila, gracioso, un extraño movimiento, dos, tres, y me respondes
"¿Hay mayor delirio o drama que un "Escribiendo..." eterno que jamás acaba?"
Yo ya me he ido...
* * *
lunes, 12 de enero de 2015
Charles Baudelaire: Embriagaos
Hay que estar siempre ebrio. Todo se reduce a eso; es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo, que os destroza los hombros doblegándoos hacia el suelo, debéis embriagaros sin cesar.
Y si alguna vez , en la escalinata de un palacio, tumbados sobre la verde hierba de una cuneta o en la sombría soledad de vuestro cuarto, menguada o disipada ya la embriaguez, preguntadle al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, canta o habla, preguntad qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os contestarán: "¡Es hora de embriagarse!" Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, embriagaos; ¡embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como os plazca.
¿De qué? De vino, de poesía o de virtud, como os plazca. Pero embriagaos.
Y si alguna vez , en la escalinata de un palacio, tumbados sobre la verde hierba de una cuneta o en la sombría soledad de vuestro cuarto, menguada o disipada ya la embriaguez, preguntadle al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, canta o habla, preguntad qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os contestarán: "¡Es hora de embriagarse!" Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, embriagaos; ¡embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como os plazca.
jueves, 18 de diciembre de 2014
Machado compuso AltLit
Machado diría que eres fuente,
una gran fuente de chocolate caliente.
* * *
Voy a componer una novena sinfonía sobre tus pies en la que hablaré del misterio bajo esa nariz de ardilla que sabe dar los buenos días.
* * *
Quítame la venda de los ojos.
¡No, no!
¡Pónmela otra vez! ¡Tápame esta vista!
¡Arráncame los ojos!
* * *
El mundo es demasiado amplio y yo demasiado ratón para enfrentarme a su luz.
En los sueños se está más cómodo y más caliente que en la ciudad.
En la ciudad llueven pájaros muertos y los motoristas salpican las mentes de rostros fruncidos.
Y nuestras mentes son el suelo
y no nos importa pisarnos.
Ni a los motoristas.
* * *
A veces finjo que yo soy distinto,
que soy más que alguien aquí.
Pero todos vuelan alto y yo me quedo a solas con una caricatura de mí mismo,
temblando y sollozando por alguna razón que jamás desconozco...
* * *
A veces soy distinto yo aquí,
finjo más que soy alguien.
* * *
A veces
no soportaría
enfrentarme al espejo
y ver más que una mota de polvo.
* * *
¿Cómo pueden ser tantos
genios
en el mundo?
* * *
He decidido que sólo quiero un billete de primera fila en Marte
y desde la Luna ver fuegos artificiales en tus labios rojos y rojos.
Y romper el billete en cuatro trozos porque ya no sirve de nada y tú lo has echado todo a perder.
* * *
Machado hizo AltLit pero a él nadie le quería
ni le quiso
ni le querrá.
Sólo él.
* * *
Qué a gusto estamos los dos sentados leyendo nuestras pantallas
qué hay dentro
mientras bebemos de los límites
qué hay dentro
y de paso nos besamos
qué hay dentro
* * *
Yo también quiero un Platero
y un Lorca que componga en sueños mis canciones.
* * *
no joder yo no quiero ser del mundo
* * *
"Ayer te fuiste y hoy he descubierto que las hojas de los árboles me molestan en el suelo."
Y discurrimos en que era yo el que me había ido.
* * *
Orla, premio, célebre, mundial...
Me apetece poner palabras obscenas porque me molesta la cara con que me miran desde sus grandes obras.
Y no borran su sonrisa...
* * *
Todo sería más fácil si pudiera convertir palabras en días libres y autobuses y en Noruega y en hojas de invierno y en ti y en asombrosidad espectacularizante.
* * *
Sí, ¿y qué?
* * *
¡Oh, libertad,
guerrera libertad!
¡Oh, sueños,
decadentes sueños!
¡Oh, realidad!
¡Tú mueres!
¡Fuera!
¡Largo de aquí!
una gran fuente de chocolate caliente.
* * *
Voy a componer una novena sinfonía sobre tus pies en la que hablaré del misterio bajo esa nariz de ardilla que sabe dar los buenos días.
* * *
Quítame la venda de los ojos.
¡No, no!
¡Pónmela otra vez! ¡Tápame esta vista!
¡Arráncame los ojos!
* * *
El mundo es demasiado amplio y yo demasiado ratón para enfrentarme a su luz.
En los sueños se está más cómodo y más caliente que en la ciudad.
En la ciudad llueven pájaros muertos y los motoristas salpican las mentes de rostros fruncidos.
Y nuestras mentes son el suelo
y no nos importa pisarnos.
Ni a los motoristas.
* * *
A veces finjo que yo soy distinto,
que soy más que alguien aquí.
Pero todos vuelan alto y yo me quedo a solas con una caricatura de mí mismo,
temblando y sollozando por alguna razón que jamás desconozco...
* * *
A veces soy distinto yo aquí,
finjo más que soy alguien.
* * *
A veces
no soportaría
enfrentarme al espejo
y ver más que una mota de polvo.
* * *
¿Cómo pueden ser tantos
genios
en el mundo?
* * *
He decidido que sólo quiero un billete de primera fila en Marte
y desde la Luna ver fuegos artificiales en tus labios rojos y rojos.
Y romper el billete en cuatro trozos porque ya no sirve de nada y tú lo has echado todo a perder.
* * *
Machado hizo AltLit pero a él nadie le quería
ni le quiso
ni le querrá.
Sólo él.
* * *
Qué a gusto estamos los dos sentados leyendo nuestras pantallas
qué hay dentro
mientras bebemos de los límites
qué hay dentro
y de paso nos besamos
qué hay dentro
* * *
Yo también quiero un Platero
y un Lorca que componga en sueños mis canciones.
* * *
no joder yo no quiero ser del mundo
* * *
"Ayer te fuiste y hoy he descubierto que las hojas de los árboles me molestan en el suelo."
Y discurrimos en que era yo el que me había ido.
* * *
Orla, premio, célebre, mundial...
Me apetece poner palabras obscenas porque me molesta la cara con que me miran desde sus grandes obras.
Y no borran su sonrisa...
* * *
Todo sería más fácil si pudiera convertir palabras en días libres y autobuses y en Noruega y en hojas de invierno y en ti y en asombrosidad espectacularizante.
* * *
Sí, ¿y qué?
* * *
¡Oh, libertad,
guerrera libertad!
¡Oh, sueños,
decadentes sueños!
¡Oh, realidad!
¡Tú mueres!
¡Fuera!
¡Largo de aquí!
domingo, 14 de diciembre de 2014
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