viernes, 9 de octubre de 2015

Tiempo

Escombro de mi propio escombro.
Sombra propia que se mira
y es incierta: nunca grita.
Sólo clama en la mirada.
Aún sorda, se escucha.

Un suspiro. 
Y es incierto.

Sola canción como refugio.



. . . . . . . . . . . . . . .



1.

Esta habitación permanecerá vacía:
abandoné su llave en tierras extrañas.

No importa: ya quebró la cerradura.


Pasos huecos.
Astillas como huesos.

Humedad hiriente. Abismos.
Muros.

Tanto tiempo…

No importa:
ya salió un sol.





2.

Rincón.

               Hondo.

                               Desierto.


Titilante tiempo.

Sobre una mesilla,
rotos,
papeles blancos.

Los libros, muertos.

No, no.
No importa.
Ya me fui lejos
buscándome entre las flores.      

miércoles, 23 de septiembre de 2015

.

Olores extraños a esta orilla de Septiembre.

Rasga un rayo en las cimas de la noche. Sin dudar,
sin telas de araña que anuncien su llegada.
Yo tampoco dudo (no serviría de
nada) y me arropo, aturdido, en su huella.

En la luz, una pregunta. Simple y única,
como ciervo que corre a través del pasto
y su silencio. Una pregunta escondida
en el interior de un sobre
que aguarda dentro de otro sobre
(estaba roto ya: ya había muerto),
en la oscuridad más deslumbrante,
besar por fin la luz.
Y esa luz, su rayo,
mi noche,
mi Septiembre.

Rápidamente
entorno los ojos y
rápidamente
cierro los ojos.

Mis párpados se abren.
Microsegundos que llegan, se pasan.
Ya no hay luz
sólo una humedad
desconcertante.
Son mis manos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Hastío

Róbame sobre la Antártida
viento esquivo sobre espalda
sombra ciega
irrumpe en la mañana
irrumpe en los diáfanos
suspiros que nos miran destruye
la voz que canta la voz que asfixia
la voz que todo lo reduce a polvo
regreso escarcha
ceniza cielo grillo vuelta
cielo seco
ebrio grillo
estampa ignífuga por los siglos
asfíxiame cielo seco
duérmeme grillo ebrio
sálvame en mí bella estampa
¿dónde dormiste anoche?
Róbame sobre la Antártida

jueves, 3 de septiembre de 2015

Espadas. Como aceros. Como labios.

Tú cabalgas mis húmedos labios.
Sepultas entre tus brazos mi memoria.
Me arrancas de mí.
Me arrojas del mundo,
de los años sin tu aliento
-éste que sacrifica los reflejos
las historias, los tormentos viejos
desde las sombras (son sólo sombras)
y anudan contra el hierro mis manos
anidan en la crisálida de escombros míos
sólo de mí-.

Y antes del grito
prematuro;
antes del alma como vórtice inefable,
antes del corte final sobre los hombros,
Tú
en tu blanco cuerpo y delgado,
en un aroma de ciega dulzura.
Tú
en una luz de vibrante plata.
En un cantar sereno sobre la escarcha.
En un viento templado
tras el grito o su eco de amarga hiel…



Hiéreme, lazo de seda.
Traspasa mi anegada piel.
Hiéreme en las garras.

Arde, arde dentro
hielo invernal.
Arde
como beso. Como rabia.
Como ternura sobre espanto.

domingo, 9 de agosto de 2015

Seremos

¿Será un cielo pleno,
una brisa constante,
o sólo quedará un humo
-mañana-,
cuando jamás nos perdamos
en los ojos
o en alguna sonrisa
o en sus hoyuelos,
o en unos cabellos más y menos rubios…?
¿Será sólo un humo gris desde unas
cenizas grises
en los labios resecos,
sedientos, anhelando luz…?

¿Será nuestro querer
un querer eterno,
o somos viva tormenta
y así nos llevamos de la mano,
nos arrancamos,
nos sostenemos, desatados,
y volamos en nuestro propio
huracán inventado…?

Que has venido
y me has salvado.
Y no lo sabes.
Y sólo sabes…

No fue el sueño

Tenía sueño y no era
el sueño.

No te encontraba tras ninguno de los rostros
que ocultaban otros rostros más
invisibles.
No sé si en algún momento esperé de ti
que fueras transparente o sólo clara,
que llovieras como luna,
que sólo por fin te fueras
inesperada, como viniste,
tras una rubia línea entre la espesura.