Cuando te observo,
mirando al cielo,
y me pregunto:
¿qué tienen las nubes,
sobre ti,
blancas y hermosas?
Y el cielo es color púrpura.
Veo entonces,
tras el horizonte,
nubes rojas que son sangre,
pardas nubes otoñales,
y otras negras de tormenta.
Ostentosas y deformes,
recuerdan otro Abril
perdido:
lluvias rojas, negras, pardas...
Y las estrepitosas horas
de amores viejos
y otros juegos...
Gota a gota me besabas.
* * *
Vuelta, regreso,
dolor de dolor.
La realidad me absorbe
y tú eres ella.
Me atrapa hoy,
cuando los corazones son rotos
y los espejos corazones.
Y mis lágrimas no brotan,
nacen,
de lo más íntimo
que compartimos:
besos o caricias,
ya sólo tuyas.
Jamás son mías.
* * *
De mí que ayer reía,
de ti que ríes ahora,
y yo quebrado, muero
a través de Lírica:
lloro, lloro, espero.
* * *
Aguardo nada ya.
Sólo a Vacío me aferro
que, obstinado, aún siento.
* * *
Frío.
Sólo frío.
Dentro y fuera,
en el costado, en los ojos,
en el alma.
* * *
Lejos,
tú de mí.
Me apartas,
con tus manos de seda.
Yo besos tus dedos,
soga mía, lápida, ataúd.
* * *
A morir espero
y duermo lejos,
tú de mi,
y yo de ti.
O aquí tu aliento sopla.
Aquí, jamás volverá.
Calor escapa;
no alcanzo a verte...
Ni Amor.
* * *
Concisas tus palabras;
conciso tu adiós.
Concisas notas,
quejumbrosa melodía,
que, en armonía,
un acorde,
vuelta;
dos acordes,
marcha;
tres acordes,
invisible;
cuatro acordes,
dolor;
quedo dolor.
* * *
Animoso viento
roto y esparcido.
Aún en Abril se oyen
sus agónicos gritos:
de Tiempo y de Lamento.
Vientos ya pasados
vienen, vuelan.
Son de Tiempo marea.
Vientos ya perdidos
gritan, claman.
Son de Lamento risa.
Vientos que son brisas:
una que te lleva
y vuelas,
otra que me guía
a rastras,
y otra abominable brisa,
que sueños ahoga,
nos separa.
* * *
-¿Y el fuego?
-No lo recuerdo.
* * *
Vacío.
Por corazón,
de oídos vacío.
* * *
Más que amor,
más que besos,
más que risas.
Más que dolor,
más que angustia,
más que llanto.
Más, indefinible,
más, mi amor,
que aquello por lo que un día vivimos.
O ilusioné.
O expiré.
Y por sentir más
me consumo.
Más que los sentidos,
más que todas realidades,
las que me llevan,
y aquellas amigas,
que jamás lo harán.
Más que sueños,
más que inspiración,
es aquello que nos sobrepasa
a ti y a mí.
Es aquello que no alcanzo:
Más.
Y con hastío detesto,
y detesto detestar,
que a dolor acaricio
aquello,
y su difusa forma
inalcanzable.
Jamás.
* * *
Humo. Suspiro. Paréntesis.
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sábado, 25 de octubre de 2014
martes, 9 de septiembre de 2014
Delirio #24: Las voces de tu voz
Hablo de todas ellas: las dulces, las amargas y aquellas, más lejanas, enfurecidas.
También del vibrar de tu susurro, los sentimientos expresados y los que vagan muertos en lo desconocido.
También del vibrar de tu susurro, los sentimientos expresados y los que vagan muertos en lo desconocido.
No.
Hablo de más allá.
De lo que había detrás de tus besos y de tus rostros fruncidos. De tus "te amos", del frío ardiente que manaban aquellas verdades que me hirieron.
Hablo de tu rostro frente al mío. De todos los rasgos de todas las lágrimas que no han sido lloradas y las que caen en silencio al vacío, a la muerte, a la oscuridad: de nuevo a lo desconocido.
Hablo de las quebradas formas de tus formas.
Hablo de las calles en silencio y tú, que no caminas, te abres paso a través de todas ellas.
Hablo de la fuerza de un "no" y la decadencia de todos los "síes".
Hablo del frío en mis huesos en tu ausencia.
Hablo de caras inocentes, voces perdidas y más promesas quebradas. De cómo caminaste a través de mí y me traspasaste sin mirar atrás, sin percibir ni una sola voz de todas aquellas que mudé.
Hablo de lo acabado.
Hablo de los sitios en los que dijiste "siempre" y aquellos otros "nuncas".
De lo que había detrás de tus besos y de tus rostros fruncidos. De tus "te amos", del frío ardiente que manaban aquellas verdades que me hirieron.
Hablo de tu rostro frente al mío. De todos los rasgos de todas las lágrimas que no han sido lloradas y las que caen en silencio al vacío, a la muerte, a la oscuridad: de nuevo a lo desconocido.
Hablo de las quebradas formas de tus formas.
Hablo de las calles en silencio y tú, que no caminas, te abres paso a través de todas ellas.
Hablo de la fuerza de un "no" y la decadencia de todos los "síes".
Hablo del frío en mis huesos en tu ausencia.
Hablo de caras inocentes, voces perdidas y más promesas quebradas. De cómo caminaste a través de mí y me traspasaste sin mirar atrás, sin percibir ni una sola voz de todas aquellas que mudé.
Hablo de lo acabado.
Hablo de los sitios en los que dijiste "siempre" y aquellos otros "nuncas".
Hablo de las voces de tu voz. De ahogarme en cien matices, en cien indescriptibles facciones tuyas que no soy capaz de ver.
Y sobretodo, hablo de una triunfante poesía que no es la mía, sino la tuya.
Y sobretodo, hablo de una triunfante poesía que no es la mía, sino la tuya.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Delirio #17: El corazón que nunca quiso dejar de romperse
Erase una
vez un corazón rojo, fuerte y joven que bombeaba más sangre y albergaba los más
sentidos sentimientos de todos los corazones del reino.
Un día, paseando, ese corazón te conoció y... Bueno...
Imagino que todos os sabéis el resto de la historia, ¿verdad?
Una y otra vez intentándote; una y otra vez rechazado.
Bien.
La historia no acaba como todos pensáis. Ese corazón no se
suicidó. Tampoco consiguió un final feliz a tu lado, señorita, ¡sí, tú! ¡La de
la fila 13! ¿Sabe que tiene un brillo extraño en los ojos cuando ríe?
Sigamos.
Ese corazón siguió adelante con su vida. De hecho, ese
corazón continuó amándote día tras día, sin descanso. Escribió los mejores
versos y te los susurró mientras dormías. Tocó las mejores melodías y las
entrelazó en tu corazón nota a nota. También puso paz a tus sueños y combatió
contra los dragones de tus pesadillas. Ese corazón nunca dejó de amarte,
¡incluso te dejó el último trozo de aquella tarta de manzana que tanto te
gusta! Este corazón nunca dejó de ser generoso, amable y sincero. Ese corazón
te quiso y tú... Me atrevería a decir que nunca le hiciste caso pero estoy
seguro de que mentiría.
¡Oh, no! No es ninguno de vuestros padres… Tampoco hablo de
dioses ni de hombres… ¿Sabéis ya de quién estoy hablando?... ¿No?
Continúo pues.
Ese corazón perdió, con el paso del tiempo, color, fuerza y
juventud. El rojo dejó de ser tan rojo, pero no perdió su brillo. Su fuerza ya
no era la de antaño, pero seguía sin tener rival en todo el reino a la hora de
bombear sangre y sentimientos; y ya no era aquel joven de antes, pero nunca se
dio por vencido y siguió luchando día tras día.
El mundo no pudo con él y seguía sintiendo igual o más que
antes. Es cierto que perdió muchas de sus cualidades, pero sólo en algunos
aspectos. Conservó su brillo, su imbatibilidad y su sentimiento.
Y siguió amándote.
Y siguió rompiéndose.
Aquel corazón, ya viejo, te arropó en las frías noches y
avivó tu fuego en invierno. También fue esa fresca y agradable brisa que combate
contra el calor en verano. Fue música en tus fiestas y el hielo de esa “copa para
olvidar”. Se disfrazó del nosequé de
tu vestido que te hizo resplandecer por encima de todas las demás chicas en
aquella fiesta. Este corazón fue esa ocasión especial, ese encuentro inesperado
y el momento incómodo del 4 de septiembre, o del 17 de Junio.
Sí, sí,
recuérdalo.
Y nunca dejó de ser el mismo de siempre.
Me
atrevería a decir que no te percataste de todo aquello pero volvería a mentir.
¿Sabéis ahora de quién hablo? ¿Aún no?
Pues no continuaré.
Veréis, lo cierto es que esta historia no tiene final. Las
palabras huyen de mí al intentar ordenarlas, quizá para escribir un bonito
desenlace con su correspondiente moraleja. En realidad se han puesto de
acuerdo: parece ser que mi musa se ha declarado en huelga y no quiere
susurrarme nada más.
O quizá esta historia es así, coja y absurda.
O tal vez es más real de lo que pensamos.
Así, ¿qué le paso a nuestro corazón? Se rompió una y otra
vez pero nunca dejó de ser el mismo de siempre. No dejó de amarte, de ser
sincero y de entregarlo todo una y otra vez. Y tampoco quiso, jamás, dejar de romperse.
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