¿Y cuando no me quede nada?
Si el sueño aún duerme la única realidad y no es cruel, es sólo realidad.
Si soy incapaz o ciego o si el grito pudiera cambiarme de universo o de emoción o de época histórica.
Si es imposible que te marches aun cuando ya te has ido.
Y cuando las lágrimas no sean suficientes…
Cuando la angustia no conozca el límite en mi cuerpo y llegue al alma y sea devorada por los monstruos que expulsó un fuego hace años.
Cuando la vista atrás me engulla y no exista más que un horizonte plano. Cuando yo mismo me abandone y no quede más que nada.
Cuando sea cierto, sí, en mi memoria.
Cuando no albergue ya esperanzas o éstas no me abriguen hoy.
Cuando mi voz se quiebre siquiera haber cantado.
Cuando las lágrimas se congelen en mis ojos porque ya han recorrido mi pecho demasiadas veces.
Cuando no quede en mi cerebro más que realidad.
Y no es cruel. Es sólo realidad.
viernes, 12 de junio de 2015
Serás (Pedro Salinas)
¿Serás, amor
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el primer encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y solo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo;
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales:
es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara.
Y que lo más seguro es el adiós.
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el primer encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y solo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo;
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales:
es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara.
Y que lo más seguro es el adiós.
Otras cosas
No puedo ver cómo brillan las flores.
Si acaso están brillando.
Si no serán mis pulmones.
Si acaso duermen o se quejan o mi llanto no les deja dormir.
Si acaso vomitarán su polen al oír este poema.
Si acaso son tan desgraciadas como aquel que lo escribe
que no soy yo.
Que es otro que andaba lejos y ha venido a recordarme las pesadillas de otras noches.
Si acaso olerán bien cuando vengan abejas y muerdan sus pétalos
o cuando yo las pise.
Si su aroma olerá a ella o a otras cosas.
A ella o a un cielo.
A ella o a otro cielo.
A ella o a otras cosas.
A ella y sólo a ella.
Si acaso están brillando.
Si no serán mis pulmones.
Si acaso duermen o se quejan o mi llanto no les deja dormir.
Si acaso vomitarán su polen al oír este poema.
Si acaso son tan desgraciadas como aquel que lo escribe
que no soy yo.
Que es otro que andaba lejos y ha venido a recordarme las pesadillas de otras noches.
Si acaso olerán bien cuando vengan abejas y muerdan sus pétalos
o cuando yo las pise.
Si su aroma olerá a ella o a otras cosas.
A ella o a un cielo.
A ella o a otro cielo.
A ella o a otras cosas.
A ella y sólo a ella.
Algo que esté duro y frío pero no tanto como esto
No logro escapar del cielo o del fénix o la sombra,
Tus manos estaban duras.
No alcanzo esas chispas de tocarte o tú tocarme o cataclismo
o ese brillo azul de tus ojos por primera vez tras un milenio.
No encuentro las lágrimas
pero este pus que supura mi piel y es agrio y está caliente y quema mis sentidos
y no dudará en ahogarme.
No veo esa luz que tú trajiste o esas brasas que piso y hielan la piel.
No siento de mí el abismo. Te veo,
tu sombra,
la sombra de tu sombra. Está lejos.
o sentirme de algún modo.
Tus manos estaban duras.
No alcanzo esas chispas de tocarte o tú tocarme o cataclismo
o ese brillo azul de tus ojos por primera vez tras un milenio.
No encuentro las lágrimas
pero este pus que supura mi piel y es agrio y está caliente y quema mis sentidos
y no dudará en ahogarme.
No veo esa luz que tú trajiste o esas brasas que piso y hielan la piel.
No siento de mí el abismo. Te veo,
tu sombra,
la sombra de tu sombra. Está lejos.
o sentirme de algún modo.
Está lloviendo
Está lloviendo. El cielo se viene abajo.
Como ayer. Como aquel día.
Pensé en aquel primer día en que me hablaste.
Llovía. Como hoy. Viniste sin cuerpo, sólo en alma: lo que las palabras de ti dijeron.
Coincidencia tras coincidencia, explosión tras explosión, sólo surgió.
Pensé en tu cuerpo sobre el césped. Mis ojos querían verlo todo borroso y mi lengua estaba hecha un nudo. Al final hablaste tú.
Recuerdo un calor insospechado recorriéndome por dentro. Recuerdo una luz intensa obligándome a cerrar los ojos. Recuerdo una noche, y una música, y unos suspiros…
Pensé cada beso tuyo endulzar una llaga, acariciarla, cicatrizarla. Recuerdo tus abrazos sellar mi cuerpo y su temblor y sus heridas. Recuerdo que nunca me hizo falta pensar para sentirme bien. Recuerdo una brisa especial que me llevaba. Una brisa que me dijo “ella no” muy bajito, al oído.
Te pensé cerca, muy cerca. Pensé en tu risa, tus ganas de reír, tu risa otra vez.
Pensé en los nervios que suponía el ir a verte. En estar horas y horas sólo esperando. Porque yo quería verte. Ahora.
Pensé en las veces que me pediste que fuera pronto. Casi todas. Y lo más pronto que podía ir no era suficiente. Los días se quedaban cortos y terminaban todos en un suspiro por otro último beso, por rozar un poquito más de piel…
Y volver a casa o flotar. Y no pensar en otra cosa que en la semana que viene, o en dos o tres más lejos. Porque volvería a verte. Algún día.
Pensé en lo mucho que brillamos. Pensé en lo bonitos que se veían mis ojos desde los tuyos.
Pensé en las tardes de manta y peli y algo más. Pensé en tus labios fríos que esperaban impacientes a que yo los besara. Pensé en las veces que tuvimos que correr allá donde ninguno queríamos porque yo tenía que irme.
Pensé en todas las calles, los bares, las cenas, en los rincones olvidados de los parques. Pensé en los impulsos eléctricos que causábamos al tocarnos, en todos los besos que quise darte.
Pensé en lo que íbamos a ser. Héroes o escritores o lectores de cuentos. En todos los planes que naufragaron, en todas las épicas historias que contaríamos algún día.
Está lloviendo. Como ayer.
Como aquel día.
El cielo se viene abajo. Yo sólo pienso unas lágrimas en nuestros ojos. Pero no éstás.
Como ayer. Como aquel día.
Pensé en aquel primer día en que me hablaste.
Llovía. Como hoy. Viniste sin cuerpo, sólo en alma: lo que las palabras de ti dijeron.
Coincidencia tras coincidencia, explosión tras explosión, sólo surgió.
Pensé en tu cuerpo sobre el césped. Mis ojos querían verlo todo borroso y mi lengua estaba hecha un nudo. Al final hablaste tú.
Recuerdo un calor insospechado recorriéndome por dentro. Recuerdo una luz intensa obligándome a cerrar los ojos. Recuerdo una noche, y una música, y unos suspiros…
Pensé cada beso tuyo endulzar una llaga, acariciarla, cicatrizarla. Recuerdo tus abrazos sellar mi cuerpo y su temblor y sus heridas. Recuerdo que nunca me hizo falta pensar para sentirme bien. Recuerdo una brisa especial que me llevaba. Una brisa que me dijo “ella no” muy bajito, al oído.
Te pensé cerca, muy cerca. Pensé en tu risa, tus ganas de reír, tu risa otra vez.
Pensé en los nervios que suponía el ir a verte. En estar horas y horas sólo esperando. Porque yo quería verte. Ahora.
Pensé en las veces que me pediste que fuera pronto. Casi todas. Y lo más pronto que podía ir no era suficiente. Los días se quedaban cortos y terminaban todos en un suspiro por otro último beso, por rozar un poquito más de piel…
Y volver a casa o flotar. Y no pensar en otra cosa que en la semana que viene, o en dos o tres más lejos. Porque volvería a verte. Algún día.
Pensé en lo mucho que brillamos. Pensé en lo bonitos que se veían mis ojos desde los tuyos.
Pensé en las tardes de manta y peli y algo más. Pensé en tus labios fríos que esperaban impacientes a que yo los besara. Pensé en las veces que tuvimos que correr allá donde ninguno queríamos porque yo tenía que irme.
Pensé en todas las calles, los bares, las cenas, en los rincones olvidados de los parques. Pensé en los impulsos eléctricos que causábamos al tocarnos, en todos los besos que quise darte.
Pensé en lo que íbamos a ser. Héroes o escritores o lectores de cuentos. En todos los planes que naufragaron, en todas las épicas historias que contaríamos algún día.
Está lloviendo. Como ayer.
Como aquel día.
El cielo se viene abajo. Yo sólo pienso unas lágrimas en nuestros ojos. Pero no éstás.
jueves, 11 de junio de 2015
La pregunta
La pregunta. Ayer.
Surcó tus labios
y no vagó perdida
entre tanto polvo te ocultaba.
Fue directa.
Directa por los siglos
a estrellarse en mi frente turbia.
La pregunta. Ayer.
Me cogió por sorpresa.
Jamás pensé que naciera de tus labios.
La pregunta. Ayer.
O dragón o quimera.
Surcó tus labios
y no vagó perdida
entre tanto polvo te ocultaba.
Fue directa.
Directa por los siglos
a estrellarse en mi frente turbia.
La pregunta. Ayer.
Me cogió por sorpresa.
Jamás pensé que naciera de tus labios.
La pregunta. Ayer.
O dragón o quimera.
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