sábado, 13 de septiembre de 2014

Beso (Pedro Salinas)

Beso será. Parecen otras cosas.
Parecen tardes vagas, sin destino,
errantes por el tiempo: y nos esperan.
Al borde de los labios, de la vida,
se estremecen palabras, nombres, síes,
buscándose su ser, y no lo encuentran;
retornan al silencio, fracasadas.
No querían hablar, lo que querían
era hablarte, y no estás.
Pero ellas, todo
esto que nada es, esto que vive
en tierna primavera distraída,
espera su cumplirse, cuando llegues.
Todo es labios, los míos o los tuyos,
hoy separados. Lo llamamos hojas,
brisa, tarde de abril, papel, palabras.
Pero si te presentas,
correrán todos, largos frenesíes,
impacientes de espera, a reunirse.
Y la nube, la luz y las palabras,
y esta gran soledad
de bocas solas con sus almas solas,
beso será, se encontrarán en beso,
dado por esos labios ardorosos
que se llaman a la ausencia, cuando acaban.

            -

martes, 9 de septiembre de 2014

Delirio #24: Las voces de tu voz

Hablo de todas ellas: las dulces, las amargas y aquellas, más lejanas, enfurecidas.
También del vibrar de tu susurro, los sentimientos expresados y los que vagan muertos en lo desconocido.

No.

Hablo de más allá.
De lo que había detrás de tus besos y de tus rostros fruncidos. De tus "te amos", del frío ardiente que manaban aquellas verdades que me hirieron.
Hablo de tu rostro frente al mío. De todos los rasgos de todas las lágrimas que no han sido lloradas y las que caen en silencio al vacío, a la muerte, a la oscuridad: de nuevo a lo desconocido.

Hablo de las quebradas formas de tus formas.

Hablo de las calles en silencio y tú, que no caminas, te abres paso a través de todas ellas.
Hablo de la fuerza de un "no" y la decadencia de todos los "síes".
Hablo del frío en mis huesos en tu ausencia.
Hablo de caras inocentes, voces perdidas y más promesas quebradas. De cómo caminaste a través de mí y me traspasaste sin mirar atrás, sin percibir ni una sola voz de todas aquellas que mudé.
Hablo de lo acabado.
Hablo de los sitios en los que dijiste "siempre" y aquellos otros "nuncas".

Hablo de las voces de tu voz. De ahogarme en cien matices, en cien indescriptibles facciones tuyas que no soy capaz de ver.

Y sobretodo, hablo de una triunfante poesía que no es la mía, sino la tuya.

Delirio #16: Casualidades, sabios y amor

Lo tenue de tu superficie no es más que una sombra del abismo que habita en mi interior.

Y tú brillas en mis pupilas a mi mirar.

Y cuando tu cadente llama se agota, en medio de mis ambiciones me pregunto, ¿acaso ocurrió? Y no pasaste.

Nunca lo hiciste.

Así como intentar describir el vacío. ¿Qué decir, perfección? ¿Hablar de tus ojos? ¿De tu brillo? ¿De tu mirada?

Y pasar las dos próximas eternidades mirándote hasta que pierda mi mirada en tus labios y mis labios en tu pecho.
Hasta que por fin te rindas y poses tu sonrisa en mis hombros.
Hasta que duela, hasta que no seamos más que otro punto y coma.
O paréntesis.
O suspiro.

Hasta que dejes de oscurecer mis noches, hasta que dejes de ser halo hiriente en mis pupilas.

* * *

Juguemos a que varias dulces notas de piano se enredan en tu pelo y que mis manos las desenredan, una a una, con palabras.
Vivamos la innegable verdad del amor, besemos la fantasía mientras dure.
Bebe del profundo manantial de mis ojos que yo viviré de tu mirada.

Pasemos los tres próximos Septiembres de la mano, paseando en una eterna primavera.
Antes de que termine.


* * *

Terminó el invierno en tu mirada,
mi invierno.
Dejó de ser la noche algún quizá
en tus seguridades y en los olvidos.
Me compensaste con una sonrisa y dijiste
"no" al adiós, al marcharte.
Y son tus dos pasos delante los que yo estoy atrás.

* * *

 Son mis labios que se quejan de no saber de ti:

"¿Dónde?" preguntan.

"No, adiós", es mi única respuesta.

Y mueren en un sordo suspiro.


* * *

 Vivamos, vivamos tu bello rostro.
Soñemos la libertad de acariciarnos, la pasión de la fría noche y los principios insondables del sentir. Respiremos aire puro, el de los sueños.

Clamemos "no" de una vez por todas.

Vivamos para nosotros.
Perdámonos en las estrellas, en lo más hondo de tu alma.
Vayamos a algún lugar dentro de ti, donde todo es belleza,
tú eres belleza,
y consiga olvidar aquel morir en ti.

Derramemos lágrimas y dibujemos, como luciérnagas en la noche, en paredes,  esquinas y sombras,
mientras danzamos alrededor de alguna que otra juventud.

Dime sí cuando yo no sea más que noes y peros
o inaudible nota musical que viaja paralela a los todos y a los agónicos finales.

 Sé mi final. Que la única verdad cobre vida a tu lado.


Y de todos los porqués, acaso tú solo importas
.
Y reniegas a volver, a tan siquiera no irte.
Arriesgas a volar y morirme,
pero no eres tú,
no,
son tus alas que te impulsan más alto que ningún alma.

Y yo beso esas alas que son tú.


Y aquel, éste, es mi final.

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Fue como beso o llanto? (Pedro Salinas)

¿Fue como beso o llanto?
¿Nos hallamos
Con las manos, buscándonos
A tientas, con los gritos,
Clamando; con las bocas
Que el vacío besaban?
¿Fue un choque de materia
Y materia, combate
De pecho contra pecho,
Que a fuerza de contactos
Se convirtió en victoria
Gozosa de los dos,
En prodigioso pacto
De tu ser con mi ser
Enteros?
¿O tan sencillo fue,
Tan sin esfuerzo, como
Una luz que se encuentra
Con otra luz, y queda
Iluminado el mundo,
Sin que nada se toque?
Ninguno lo sabemos.
Ni el dónde. Aquí, en las manos,
Como las cicatrices,
Allí, dentro del alma,
Como un alma del alma,
Pervive el prodigioso
Saber que nos hallamos,
Y que su dónde está
Para siempre cerrado.
Ha sido tan hermoso
Que no sufre memoria,
Como sufren las fechas,
Los nombres o las líneas.
Nada en ese milagro
Podría ser recuerdo:
Porque el recuerdo es
La pena de sí mismo,
El dolor del tamaño,
Del tiempo, y todo fue
Eternidad: relámpago.
Si quieres recordarlo
No sirve el recordar.
Sólo vale vivir
De cara hacia ese dónde,
Queriéndolo, buscándolo.

            - - -

Al menos él llegó tan lejos.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Delirio #17: El corazón que nunca quiso dejar de romperse

Erase una vez un corazón rojo, fuerte y joven que bombeaba más sangre y albergaba los más sentidos sentimientos de todos los corazones del reino.

Un día, paseando, ese corazón te conoció y... Bueno... Imagino que todos os sabéis el resto de la historia, ¿verdad?
Una y otra vez intentándote; una y otra vez rechazado.

Bien.

La historia no acaba como todos pensáis. Ese corazón no se suicidó. Tampoco consiguió un final feliz a tu lado, señorita, ¡sí, tú! ¡La de la fila 13! ¿Sabe que tiene un brillo extraño en los ojos cuando ríe?

Sigamos.

Ese corazón siguió adelante con su vida. De hecho, ese corazón continuó amándote día tras día, sin descanso. Escribió los mejores versos y te los susurró mientras dormías. Tocó las mejores melodías y las entrelazó en tu corazón nota a nota. También puso paz a tus sueños y combatió contra los dragones de tus pesadillas. Ese corazón nunca dejó de amarte, ¡incluso te dejó el último trozo de aquella tarta de manzana que tanto te gusta! Este corazón nunca dejó de ser generoso, amable y sincero. Ese corazón te quiso y tú... Me atrevería a decir que nunca le hiciste caso pero estoy seguro de que mentiría.

¡Oh, no! No es ninguno de vuestros padres… Tampoco hablo de dioses ni de hombres… ¿Sabéis ya de quién estoy hablando?...  ¿No?

Continúo pues.

Ese corazón perdió, con el paso del tiempo, color, fuerza y juventud. El rojo dejó de ser tan rojo, pero no perdió su brillo. Su fuerza ya no era la de antaño, pero seguía sin tener rival en todo el reino a la hora de bombear sangre y sentimientos; y ya no era aquel joven de antes, pero nunca se dio por vencido y siguió luchando día tras día.

El mundo no pudo con él y seguía sintiendo igual o más que antes. Es cierto que perdió muchas de sus cualidades, pero sólo en algunos aspectos. Conservó su brillo, su imbatibilidad y su sentimiento.
Y siguió amándote.
Y siguió rompiéndose.

Aquel corazón, ya viejo, te arropó en las frías noches y avivó tu fuego en invierno. También fue esa fresca y agradable brisa que combate contra el calor en verano. Fue música en tus fiestas y el hielo de esa “copa para olvidar”. Se disfrazó del nosequé de tu vestido que te hizo resplandecer por encima de todas las demás chicas en aquella fiesta. Este corazón fue esa ocasión especial, ese encuentro inesperado y el momento incómodo del 4 de septiembre, o del 17 de Junio.
Sí, sí, recuérdalo.

Y nunca dejó de ser el mismo de siempre.
Me atrevería a decir que no te percataste de todo aquello pero volvería a mentir. ¿Sabéis ahora de quién hablo? ¿Aún no?

Pues no continuaré.

Veréis, lo cierto es que esta historia no tiene final. Las palabras huyen de mí al intentar ordenarlas, quizá para escribir un bonito desenlace con su correspondiente moraleja. En realidad se han puesto de acuerdo: parece ser que mi musa se ha declarado en huelga y no quiere susurrarme nada más.

O quizá esta historia es así, coja y absurda.
O tal vez es más real de lo que pensamos.


Así, ¿qué le paso a nuestro corazón? Se rompió una y otra vez pero nunca dejó de ser el mismo de siempre. No dejó de amarte, de ser sincero y de entregarlo todo una y otra vez. Y tampoco quiso, jamás, dejar de romperse.

viernes, 29 de agosto de 2014

Delirio #19: Exclamaciones y metáforas

De vuelta a lo profundo de mis invenciones. Camino por lo irreal, en mis ojos puedes ver elocuencia y un breve pero intenso destello de locura.
Como una chispa, como el instante en el que un vaso de cristal cae al suelo.

¡Crash! Y se rompe.


* * *


Demasiado. Es demasiado para un alma traspasar tus barreras, puestas a condición de verme jamás. Y la mía no se cansa, no, de intentarlo una y otra vez:

Traspasar.
Caer.
Traspasar.
Caer.

Y no se detiene, como un círculo vicioso.

No.

Como una espiral, quizá.

Sí.

Definitivamente sí.

Eres una espiral. Todo va hacia tu interior y, de la misma forma, es expulsado fuera, a la oscuridad. Donde no puedas verlo.

Yo llevo mucho tiempo allí, quizá demasiado. Conozco, como a mí mismo, los cuchillos y las flores que también echaste. Es fácil:

Todos me pertenecen.


Y lo que me acerca a ti es lo mismo que te aleja de mí. Tan simple, cierto y catastrófico.

¡Qué odisea!

No, a ti no te valen las exclamaciones. ¡Qué estoy haciendo?

¡Ops! Otra vez... Tal vez una metáfora... ¡Qué digo?

Locuras. Para ti... Eh... Nada, ¡olvídalo!

... (Un murmullo. Bueno, tal vez un suspiro)

Palabras, siempre palabras. Escritas el aire o en papel, en la pantalla, en mi interior...
Palabras que tú no podrás ver aunque las leas.

Oh, no te enfades. Es como un juego. Yo soy la marioneta y tú mi titiritera.

¿Qué? ¡Claro que es así! ¡Es por ti por quien y porque escribo! ¿Sigues sin entenderlo? ¡Vaya...!
Pero no es tu culpa, ¡oh, no!
Ni lo menciones.

La culpa es mía por escribirte.

"Espero no ofenderos, señorita, sería mi mayor vergüenza" digo, con patética voz de caballero.
Tú te sonrojas y yo te susurro al oído mil palabras (¿para qué?).
Sólo una.

Dos.
Cinco.

Y tú te giras y, risueña, me dices: "Oh, querido, ¡divagas por el espacio exterior! ¡Déjalo ya!" Y te vas acompañada de la elegancia de tus caderas,
y de mi caballerosidad.


Y sigue siendo imposible traspasarte. Ni palabras ni exclamaciones. ¿Metáforas? ¡Qué ridiculez!

Eres imperturbable.
¡Maldito fantasma! ¡Maldita tu transparencia!
Creo ver algo en ti: ¡ilusiones!

Mierda... ¡más metáforas!


Mierda... más exclamaciones.

sábado, 9 de agosto de 2014

Delirio #30: Los colores de tu pelo

Rojo, dulce, turquesa y limón: los colores de tu pelo.

Un paso adelante, dos o tres miradas atrás.

Creo que no lo hice bien. Volvemos a empezar.

¡Oh, mierda! ¡Está quedando ridículo!

Ocho por ocho.
Trece.
Veintitrés.
Cuarenta y dos.

Es curiosa mi mente a tu pensar; las palabras infernales, tan distantes unas de otras.

Lima.

Pero tranquila, no son sólo colores. Algunas veces eres un vaso vacío, otras el sol y lo que más: un ángel.

Y recuerdo tus besos y saben dulces, tan dulces como tus rosadas mejillas, como un día de playa, como el sol en primavera, como... ¡Yo qué se cómo!

La verdad, no tus besos.

Y son tan perfectos como las manchas de tu piel, los días soleados y todo lo que no es perfecto.

Como mis imperfectas palabras y las que no lo son:
amor, amor, ¡catástrofe!

Y no son mías.


¿No es indignante?
Hoy la locura me lleva.

No, espera... Qué gran mierda.