Beso será. Parecen otras cosas.
Parecen tardes vagas, sin destino,
errantes por el tiempo: y nos esperan.
Al borde de los labios, de la vida,
se estremecen palabras, nombres, síes,
buscándose su ser, y no lo encuentran;
retornan al silencio, fracasadas.
No querían hablar, lo que querían
era hablarte, y no estás.
Pero ellas, todo
esto que nada es, esto que vive
en tierna primavera distraída,
espera su cumplirse, cuando llegues.
Todo es labios, los míos o los tuyos,
hoy separados. Lo llamamos hojas,
brisa, tarde de abril, papel, palabras.
Pero si te presentas,
correrán todos, largos frenesíes,
impacientes de espera, a reunirse.
Y la nube, la luz y las palabras,
y esta gran soledad
de bocas solas con sus almas solas,
beso será, se encontrarán en beso,
dado por esos labios ardorosos
que se llaman a la ausencia, cuando acaban.
-
sábado, 13 de septiembre de 2014
martes, 9 de septiembre de 2014
Delirio #24: Las voces de tu voz
Hablo de todas ellas: las dulces, las amargas y aquellas, más lejanas, enfurecidas.
También del vibrar de tu susurro, los sentimientos expresados y los que vagan muertos en lo desconocido.
También del vibrar de tu susurro, los sentimientos expresados y los que vagan muertos en lo desconocido.
No.
Hablo de más allá.
De lo que había detrás de tus besos y de tus rostros fruncidos. De tus "te amos", del frío ardiente que manaban aquellas verdades que me hirieron.
Hablo de tu rostro frente al mío. De todos los rasgos de todas las lágrimas que no han sido lloradas y las que caen en silencio al vacío, a la muerte, a la oscuridad: de nuevo a lo desconocido.
Hablo de las quebradas formas de tus formas.
Hablo de las calles en silencio y tú, que no caminas, te abres paso a través de todas ellas.
Hablo de la fuerza de un "no" y la decadencia de todos los "síes".
Hablo del frío en mis huesos en tu ausencia.
Hablo de caras inocentes, voces perdidas y más promesas quebradas. De cómo caminaste a través de mí y me traspasaste sin mirar atrás, sin percibir ni una sola voz de todas aquellas que mudé.
Hablo de lo acabado.
Hablo de los sitios en los que dijiste "siempre" y aquellos otros "nuncas".
De lo que había detrás de tus besos y de tus rostros fruncidos. De tus "te amos", del frío ardiente que manaban aquellas verdades que me hirieron.
Hablo de tu rostro frente al mío. De todos los rasgos de todas las lágrimas que no han sido lloradas y las que caen en silencio al vacío, a la muerte, a la oscuridad: de nuevo a lo desconocido.
Hablo de las quebradas formas de tus formas.
Hablo de las calles en silencio y tú, que no caminas, te abres paso a través de todas ellas.
Hablo de la fuerza de un "no" y la decadencia de todos los "síes".
Hablo del frío en mis huesos en tu ausencia.
Hablo de caras inocentes, voces perdidas y más promesas quebradas. De cómo caminaste a través de mí y me traspasaste sin mirar atrás, sin percibir ni una sola voz de todas aquellas que mudé.
Hablo de lo acabado.
Hablo de los sitios en los que dijiste "siempre" y aquellos otros "nuncas".
Hablo de las voces de tu voz. De ahogarme en cien matices, en cien indescriptibles facciones tuyas que no soy capaz de ver.
Y sobretodo, hablo de una triunfante poesía que no es la mía, sino la tuya.
Y sobretodo, hablo de una triunfante poesía que no es la mía, sino la tuya.
Delirio #16: Casualidades, sabios y amor
Lo tenue
de tu superficie no es más que una sombra del abismo que habita en mi interior.
Y tú
brillas en mis pupilas a mi mirar.
Y cuando
tu cadente llama se agota, en medio de mis ambiciones me pregunto, ¿acaso
ocurrió? Y no pasaste.
Nunca lo
hiciste.
Así como
intentar describir el vacío. ¿Qué decir, perfección? ¿Hablar de tus ojos? ¿De
tu brillo? ¿De tu mirada?
Y pasar
las dos próximas eternidades mirándote hasta que pierda mi mirada en tus labios y
mis labios en tu pecho.
Hasta que
por fin te rindas y poses tu sonrisa en mis hombros.
Hasta que
duela, hasta que no seamos más que otro punto y coma.
O paréntesis.
O
suspiro.
Hasta que
dejes de oscurecer mis noches, hasta que dejes de ser halo hiriente en mis
pupilas.
* * *
Juguemos
a que varias dulces notas de piano se enredan en tu pelo y que mis manos las
desenredan, una a una, con palabras.
Vivamos
la innegable verdad del amor, besemos la fantasía mientras dure.
Bebe del
profundo manantial de mis ojos que yo viviré de tu mirada.
Pasemos
los tres próximos Septiembres de la mano, paseando en una eterna primavera.
Antes de
que termine.
* * *
Terminó
el invierno en tu mirada,
mi
invierno.
Dejó de
ser la noche algún quizá
en tus
seguridades y en los olvidos.
Me
compensaste con una sonrisa y dijiste
"no"
al adiós, al marcharte.
Y son tus
dos pasos delante los que yo estoy atrás.
* * *
"¿Dónde?"
preguntan.
"No,
adiós", es mi única respuesta.
Y mueren
en un sordo suspiro.
* * *
Soñemos
la libertad de acariciarnos, la pasión de la fría noche y los principios
insondables del sentir. Respiremos aire puro, el de los sueños.
Clamemos "no"
de una vez por todas.
Vivamos
para nosotros.
Perdámonos
en las estrellas, en lo más hondo de tu alma.
Vayamos a
algún lugar dentro de ti, donde todo es belleza,
tú eres
belleza,
y consiga
olvidar aquel morir en ti.
Derramemos
lágrimas y dibujemos, como luciérnagas en la noche, en paredes, esquinas
y sombras,
mientras danzamos
alrededor de alguna que otra juventud.
Dime sí
cuando yo no sea más que noes y peros
o inaudible
nota musical que viaja paralela a los todos y a los agónicos finales.
Sé
mi final. Que la única verdad cobre vida a tu lado.
Y de
todos los porqués, acaso tú solo importas
.
Y
reniegas a volver, a tan siquiera no irte.
Arriesgas
a volar y morirme,
pero no
eres tú,
no,
son tus
alas que te impulsan más alto que ningún alma.
Y yo beso
esas alas que son tú.
Y aquel,
éste, es mi final.
lunes, 8 de septiembre de 2014
¿Fue como beso o llanto? (Pedro Salinas)
¿Fue como beso o llanto?
¿Nos hallamosCon las manos, buscándonos
A tientas, con los gritos,
Clamando; con las bocas
Que el vacío besaban?
¿Fue un choque de materia
Y materia, combate
De pecho contra pecho,
Que a fuerza de contactos
Se convirtió en victoria
Gozosa de los dos,
En prodigioso pacto
De tu ser con mi ser
Enteros?
¿O tan sencillo fue,
Tan sin esfuerzo, como
Una luz que se encuentra
Con otra luz, y queda
Iluminado el mundo,
Sin que nada se toque?
Ninguno lo sabemos.
Ni el dónde. Aquí, en las manos,
Como las cicatrices,
Allí, dentro del alma,
Como un alma del alma,
Pervive el prodigioso
Saber que nos hallamos,
Y que su dónde está
Para siempre cerrado.
Ha sido tan hermoso
Que no sufre memoria,
Como sufren las fechas,
Los nombres o las líneas.
Nada en ese milagro
Podría ser recuerdo:
Porque el recuerdo es
La pena de sí mismo,
El dolor del tamaño,
Del tiempo, y todo fue
Eternidad: relámpago.
Si quieres recordarlo
No sirve el recordar.
Sólo vale vivir
De cara hacia ese dónde,
Queriéndolo, buscándolo.
- - -
Al menos él llegó tan lejos.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Delirio #17: El corazón que nunca quiso dejar de romperse
Erase una
vez un corazón rojo, fuerte y joven que bombeaba más sangre y albergaba los más
sentidos sentimientos de todos los corazones del reino.
Un día, paseando, ese corazón te conoció y... Bueno...
Imagino que todos os sabéis el resto de la historia, ¿verdad?
Una y otra vez intentándote; una y otra vez rechazado.
Bien.
La historia no acaba como todos pensáis. Ese corazón no se
suicidó. Tampoco consiguió un final feliz a tu lado, señorita, ¡sí, tú! ¡La de
la fila 13! ¿Sabe que tiene un brillo extraño en los ojos cuando ríe?
Sigamos.
Ese corazón siguió adelante con su vida. De hecho, ese
corazón continuó amándote día tras día, sin descanso. Escribió los mejores
versos y te los susurró mientras dormías. Tocó las mejores melodías y las
entrelazó en tu corazón nota a nota. También puso paz a tus sueños y combatió
contra los dragones de tus pesadillas. Ese corazón nunca dejó de amarte,
¡incluso te dejó el último trozo de aquella tarta de manzana que tanto te
gusta! Este corazón nunca dejó de ser generoso, amable y sincero. Ese corazón
te quiso y tú... Me atrevería a decir que nunca le hiciste caso pero estoy
seguro de que mentiría.
¡Oh, no! No es ninguno de vuestros padres… Tampoco hablo de
dioses ni de hombres… ¿Sabéis ya de quién estoy hablando?... ¿No?
Continúo pues.
Ese corazón perdió, con el paso del tiempo, color, fuerza y
juventud. El rojo dejó de ser tan rojo, pero no perdió su brillo. Su fuerza ya
no era la de antaño, pero seguía sin tener rival en todo el reino a la hora de
bombear sangre y sentimientos; y ya no era aquel joven de antes, pero nunca se
dio por vencido y siguió luchando día tras día.
El mundo no pudo con él y seguía sintiendo igual o más que
antes. Es cierto que perdió muchas de sus cualidades, pero sólo en algunos
aspectos. Conservó su brillo, su imbatibilidad y su sentimiento.
Y siguió amándote.
Y siguió rompiéndose.
Aquel corazón, ya viejo, te arropó en las frías noches y
avivó tu fuego en invierno. También fue esa fresca y agradable brisa que combate
contra el calor en verano. Fue música en tus fiestas y el hielo de esa “copa para
olvidar”. Se disfrazó del nosequé de
tu vestido que te hizo resplandecer por encima de todas las demás chicas en
aquella fiesta. Este corazón fue esa ocasión especial, ese encuentro inesperado
y el momento incómodo del 4 de septiembre, o del 17 de Junio.
Sí, sí,
recuérdalo.
Y nunca dejó de ser el mismo de siempre.
Me
atrevería a decir que no te percataste de todo aquello pero volvería a mentir.
¿Sabéis ahora de quién hablo? ¿Aún no?
Pues no continuaré.
Veréis, lo cierto es que esta historia no tiene final. Las
palabras huyen de mí al intentar ordenarlas, quizá para escribir un bonito
desenlace con su correspondiente moraleja. En realidad se han puesto de
acuerdo: parece ser que mi musa se ha declarado en huelga y no quiere
susurrarme nada más.
O quizá esta historia es así, coja y absurda.
O tal vez es más real de lo que pensamos.
Así, ¿qué le paso a nuestro corazón? Se rompió una y otra
vez pero nunca dejó de ser el mismo de siempre. No dejó de amarte, de ser
sincero y de entregarlo todo una y otra vez. Y tampoco quiso, jamás, dejar de romperse.
viernes, 29 de agosto de 2014
Delirio #19: Exclamaciones y metáforas
De vuelta
a lo profundo de mis invenciones. Camino por lo irreal, en mis ojos puedes ver
elocuencia y un breve pero intenso destello de locura.
Como una chispa, como el instante en el que un vaso de
cristal cae al suelo.
¡Crash! Y se rompe.
* * *
Demasiado. Es demasiado para un alma traspasar tus barreras,
puestas a condición de verme jamás. Y la mía no se cansa, no, de intentarlo una
y otra vez:
Traspasar.
Caer.
Traspasar.
Caer.
Y no se detiene, como un círculo vicioso.
No.
Como una espiral, quizá.
Sí.
Definitivamente sí.
Eres una espiral. Todo va hacia tu interior y, de la misma
forma, es expulsado fuera, a la oscuridad. Donde no puedas verlo.
Yo llevo mucho tiempo allí, quizá demasiado. Conozco, como
a mí mismo, los cuchillos y las flores que también echaste. Es fácil:
Todos me pertenecen.
Y lo que
me acerca a ti es lo mismo que te aleja de mí. Tan simple, cierto y
catastrófico.
¡Qué odisea!
No, a ti no te valen las exclamaciones. ¡Qué estoy
haciendo?
¡Ops! Otra vez... Tal vez una metáfora... ¡Qué digo?
Locuras. Para ti... Eh... Nada, ¡olvídalo!
... (Un murmullo. Bueno, tal vez un suspiro)
Palabras, siempre palabras. Escritas el aire o en papel, en
la pantalla, en mi interior...
Palabras que tú no podrás ver aunque las leas.
Oh, no te enfades. Es como un juego. Yo soy la marioneta y
tú mi titiritera.
¿Qué? ¡Claro que es así! ¡Es por ti por quien y porque escribo!
¿Sigues sin entenderlo? ¡Vaya...!
Pero no es tu culpa, ¡oh, no!
Ni lo menciones.
La culpa es mía por escribirte.
"Espero no ofenderos, señorita, sería mi mayor
vergüenza" digo, con patética voz de caballero.
Tú te sonrojas y yo te susurro al oído mil palabras (¿para
qué?).
Sólo una.
Dos.
Cinco.
Y tú te giras y, risueña, me dices: "Oh, querido,
¡divagas por el espacio exterior! ¡Déjalo ya!" Y te vas acompañada de la
elegancia de tus caderas,
y de mi caballerosidad.
Y sigue siendo imposible traspasarte. Ni palabras ni
exclamaciones. ¿Metáforas? ¡Qué ridiculez!
Eres imperturbable.
¡Maldito fantasma! ¡Maldita tu transparencia!
Creo ver algo en ti: ¡ilusiones!
Mierda... ¡más metáforas!
Mierda... más exclamaciones.
sábado, 9 de agosto de 2014
Delirio #30: Los colores de tu pelo
Rojo, dulce, turquesa y limón: los colores de tu pelo.
Un paso adelante, dos o tres miradas atrás.
Creo que no lo hice bien. Volvemos a empezar.
Creo que no lo hice bien. Volvemos a empezar.
¡Oh, mierda! ¡Está quedando ridículo!
Ocho por ocho.
Trece.
Veintitrés.
Cuarenta y dos.
Es curiosa mi mente a tu pensar; las palabras infernales, tan distantes unas de otras.
Lima.
Pero tranquila, no son sólo colores. Algunas veces eres un vaso vacío, otras el sol y lo que más: un ángel.
Trece.
Veintitrés.
Cuarenta y dos.
Es curiosa mi mente a tu pensar; las palabras infernales, tan distantes unas de otras.
Lima.
Pero tranquila, no son sólo colores. Algunas veces eres un vaso vacío, otras el sol y lo que más: un ángel.
Y recuerdo tus besos y saben dulces, tan dulces como tus rosadas mejillas, como un día de playa, como el sol en primavera, como... ¡Yo qué se cómo!
La verdad, no tus besos.
Y son tan perfectos como las manchas de tu piel, los días soleados y todo lo que no es perfecto.
Como mis imperfectas palabras y las que no lo son:
amor, amor, ¡catástrofe!
Y no son mías.
¿No es indignante?
Hoy la locura me lleva.
No, espera... Qué gran mierda.
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